No sé si esta historia sea la nueva forma de relatar sucesos o situaciones que me pasan en el último tiempo, pero siento que de alguna forma tenia que escribirlo, quizás como una forma de comunicarlo, de reflexionar más la situación, como terminó y como me siento al respecto.
Otra vez me encontraba en la app, otro mach -sinceramente no leí mucho la descripción- me di cuenta que otra vez me llamó la atención alguien de Concepción -dato rosa-. El chiquillo venía por una poca cantidad de días, se encontraba de vacaciones, rápidamente busca la instancia de juntarnos, pero mi semana ocupada estaba con ciertas restricciones. Surge de mi idea juntarnos un jueves, a lo que me responde que si puede pero muy tarde, a lo que ahueonadamente dije que sí. Nos juntamos en el lobby de mi edificio, interesante y distinto a primera vista, a medida que íbamos conversando sobre todo ámbito de la vida, y temas rosas que se nos ocurría, y me di cuenta que teníamos varias experiencias en común, sin embargo tenía súper claro que no me gustaba como para comérmelo. En mi mente me imaginaba al mijo rico del Nico y que quería volver a experimentar con él y no con el sureño.
La noche continúo pasando y junto con ello las pocas horas de sueño que me quedaban, tan pocas eran, que fue preferible pasar de largo e ir a trabajar con la mejor cara a las horas siguientes. Llegamos a la cama, obvio, porque igual había química entre nosotros y en parte quería recostarme, me empezó a besar con fuerza con su cuerpo encima mío y me di cuenta que no quería hacerlo con él. Lo alejé un par de veces, él creía que me hacía la difícil, pero en verdad el alcohol lo desinhibió. ¿Qué pasaba?, pasaba que no me gusta la gente con alcohol, el concepto de beber alcohol me cambio desde la última vez que bebí sola y llegué al estado de ebriedad y haberlo conversado con la psicóloga me ayudó a entenderlo, no me gusta la gente curá, no me gusta el hombre curao'. Sin embargo mi cuerpo reaccionaba a la mano y besos de este sureño, seguía insistiendo, no con la misma fuerza, sino que con la convicción que me quería para él. Pensé ´total hay gente que no tiene que comer´, lo intenté super ahueonadamente (2) y nuevamente me di cuenta que no quería, lo saqué encima de mi. Me fui fiel a mi misma y le dije que me dejara dormir aunque sea un poco. Me besó y abrazó para quedarnos dormidos.
Despierto con el alma en el techo al notar que había olvidado poner la alarma y quedaban 15 min para entrar a trabajar, mientras me bañaba, él lavo la loza, estiró la cama y recogió mi ropa dejándola tendida en la cama. Me ofreció café, sin embargo por razones obvias debía irme. Nos despedimos con un beso en la mejilla y un abrazo. Pensé que eso sería todo con el sureño, ya que para el viernes en la noche tenía un cumpleaños. Me habló durante la tarde, no contesté. Me sentía extraña, no sabía si me había gustado, hablé con la persona incorrecta para poder desahogarme y quedé mucho más insegura de mi experiencia.
Volví del cumpleaños a eso de la 1 am, con ganas de abrigarme y recostarme después de un tan largo día sin descansar lo suficiente. Le escribí al sureño, me responde en segundos y luego de conversar un rato me invita a donde se estaba hospedando en pleno centro de Santiago -no sé que estaba pensando en ese momento, quizás no lo pensé en lo absoluto- lo único que le pedí es que no quería tirar y no insistiera en cambiarlo, pero si me interesaba en compartir con él. Ahueonadamente (3) tomé un uber, nos encontramos en una calle vacía, me di cuenta del olor a alcohol que desprendía, me lleva al departamento, le avisa a su amigo que está con una chica encerrados en la habitación que había vuelto, a medida que intentaba hablar con él, notaba como olvidaba rápidamente lo que recién había dicho, y al mismo tiempo se escuchaba la chica gemir en la otra habitación. Agarré mis cosas y le dije que me iría, si él me quería acompañar podía hacerlo. Tomamos un uber de vuelta a mi hogar, pensaba mil veces como tan ahueona de arriesgarme a ir al centro durante la madrugada y devolverme con un bulto curao´ en el auto a dormir a mi cama. No tenía vuelta atrás, no pensaba en dejarlo botado en la calle si ni siquiera era de stgo, pensé en que durmiera en el sillón y así no sentía el olor alcohol mientras dormía.
Entramos al departamento, él se acuesta en mi cama, yo llego al rato me pregunta si me puede abrazar a lo cual le digo que no. No recuerdo bien como llegamos a ese suceso pero le dije a modo de feedback como me hizo sentir lo que había pasado la noche anterior, de como verlo hoy en esas condiciones y así explicar porque fui tan enfática en decir que no quería tirar. Para mi sorpresa lo recibe bastante bien, me reconoce que tiene problemas con el consumo del alcohol, y me explica de por qué lo había abandonado y vuelto a retomar en estas vacaciones, pidió disculpas. Luego nos pasamos la noche entera hablando y hueviando, tirando sin tirar, me besaba, me tocaba, me decía tantas cosas, tanta labia que me dejó el ego a la mierda, me sentía rica, me sentía deseada y en mi estaba el control de qué aceptar y cómo aceptarlo. Dormí a ratos, mi ropa interior mojada a más no poder, me despertó en la mañana con besos y caricias -el sureño habla caleta en el sexo- intentaba hacerme cambiar de opinión y tirar, pero seguía firme en mi pensamiento: me gustaba su boca, sus manos, su forma de entender como me gusta que me toquen y aplicarlo rápidamente, escucharlo decir que lo vuelvo loco, sus gemidos y la forma en la que me nombraba constantemente lo que gustaba de mi, pero sabía que no me gustaba su pene ni la forma en la que me tiraba, por lo que solo tuvimos sexo oral y masturbación, igual me hizo acabar dos veces, lo que es tirar también. Nos conocimos muy intensamente estos días, desde lo sexual hasta algunas experiencias vividas. No sé si me interesa mantener el contacto, me dejó más que invitada a viajar a Concepción pero insisto, me quedo más con la experiencia vivida a que plantearme una idea de futuro.
Para ser un encuentro muy casual lo encontré distinto, entretenido, una variación de percepciones que tuve de él en dos días. Que si bien fue algo que al principio no me sentí bien y me afectó, lo pude dar vuelta identificando las acciones que no toleraba y comunicarlo sin miedo ni vergüenza, me mandé cagasos igual entremedio como exponerme innecesariamente, pero tuve suerte de que no pasara nada. Me quedo con la lección aprendida a cuidarme a mi y mi casa como un lugar sagrado y quien entre es porque lo merece.
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